ORANGE SANDALWOOD

ORANGE SANDALWOOD

11/07/2018

EL AMANTE SUPRIMIDO






La amaba con toda la fuerza de sus palabras. Creía el amante que, incluso en la caudalosa distancia que juntos habitaban, sus letras tenían el poder de hacerla sonrojar. 

Las recuerda, el amante (a las palabras) saliendo de él a raudales, aladas y bellísimas como novias blancas. Era un tiempo muy propicio, dígase,  para la ocurrencia de cosas imposibles. Ese tiempo acabó. Si tan solo los colores de ella hubiesen sido como los de los sueños del amante: azul-mar, ocre-piedra, oro-arena. 

Pero en ese tiempo (era primavera), las palabras se arremolinaban para el amor. Livianas y trémulas, se confiaban a los vientos, ganando altura, turnándose en el vértice de escuadrones como gansos salvajes, ayuntandose en sintagmas de muranio, averbando los vientos, azoreando de piropos a las nubes, a su paso. 

Otras veces las contemplaba, el amante (a las palabras) revoloteando tranquilas sobre la pantalla, o en servilletas de cafetería, tan suyas, tan ajenas. Libres, irresponsables, incorruptas como luciérnagas. Parecían fluir sin resistencias, como sopladas por un viento amigo. 

Aun hoy, el amante todavía siente a veces como si esas palabras fuesen lo único que verdaderamente posee, y en esos momentos desea substraerse a esa espuma del tiempo y sumergirse en un silencio de redoma, incrustado de piedras preciosas. 

Viajaban  mirabolantes (las palabras), ensayando en la cresta del cielo sus deseos, en parlamentos impúdicos, llegando al fin para murmurar sus sueños junto a los ojos muy abiertos de la amada. Reverberaban las palabras como lágrimas limpias, felices, en los azogues del alma de la amada. 

En la indescifrable distancia que los separaba y yuxtaponía, más de una vez las palabras del amante la despeinaron dulcemente, como una mano líquida, como dedos de ausencia que desordenaban su pensamiento y calentaban su alma helada.  "Descabelada", cantaba ella, riendo. 

A veces, algunas palabras viajeras, proferidas horas antes por el amante, la despertaron en medio de la noche, agitando sus alas junto a las pestañas cerradas de la amada. ¿Quién creería tamañas para-normalidades? Y sin embargo, cada nueva coincidencia les convertía en amantes/cofrades de un amor hecho de vibraciones y reflejos, de jardines cuadrados, de canciones que tenían más vidas que un gato, de ángeles/trapecistas alados que se llamaban Marion o Beatriz. 

Ahora reposa fatigado, el amante, junto a su jauría vencida de palabras. Ni él ni ellas (las palabras) entienden la catástrofe, tal vez porque las catástrofes no se tienen que entender, se padecen y ya está. 

Así yace el amante, suprimido, sus palabras deleteadas, vagueando en una ciudad arrasada por esa bomba impronunciable, que fragmentó el silencio en  muchos espejitos cortantes. 

Es un día siguiente más, uno de muchos días siguientes, sin tráfico ni vibración, en que la memoria del amante va cediendo poco a poco trocitos de sus sueños azules a esa carcoma hambrienta de silencio.

El amante y sus palabras, novios sin futuro, se entregan a un abandono compartido, juntos se descomponen bajo un sol vertical, esperando quizá un florecer de nueva primavera. 


Sándalo Naranja


8/08/2014

MAREADO






Aguas mansas dibujan el camino
     (extraviado,
         des-astrado)
que mis pies recorren,
bañados en su arena,
en su sal
en su propia liturgia de olas
                           

Y aunque no lo quiera,
mi mente registra, ordena, clasifica
por costumbre,
y en las cosas va poniendo
letras y paréntesis
números e índices,
mientras recibe el aroma,
    la mujer,
      la roca, 
        el perro que ahuyenta la gaviota

Y de repente, un clamor indecible
irrumpe por el muelle que mis pies caminan,
hecho de viento y espumas y...

(...pero no era indecible?)

… es un agua alta y bellísima
que me llueve encima,
que me encharca de sal y viento,
que me marea,
me desnuda de mi mente,
      y en su resaca se lleva
           todas mis letras y paréntesis


Sándalo Naranja

7/28/2014

UM DIA DESTES (breathless poem)



Sabes, trago no meu peito este gosto por ti, por tudo aquilo que é teu, os meus olhos tão cheios dessa coisa tua, tão bonita, tão certa, e a tua beleza que parece querer ficar-me no olhar apenas, mas eu não deixo, não não não, eu quero toda essa beleza dentro de mim, a vibrar, a irradiar, a iluminar todo isto que sou por dentro, e por isso ando como louco a lembrar-me de ti, a memorizar-te, a procura do conforto de rever-te em cada pormenor, em todas as coisas pequenas, desde todos os ângulos e alturas, os cimos e os vales, as pradarias, as fontes, as chuvas, ando a assediar o tempo, a roubar-lhe a saúde, a descascar essa cortiça dura que ele usa para te manter tão longe, e por isso também ando a recitar as palavras que não disseste ainda, e a deixar que os teus silêncios belíssimos descarreguem sobre mim a sua chuvinha fina e fresca, e assim entretido nestas coisas, talvez a distância fique na verdade mais curta e um dia qualquer acabe por receber a notícia de que o inverno passou, que já estás cá, e podes tomar café amanhã...?


Sándalo Naranja

MY EYES ON YOURS




I'll take pleasure today 

in undoing your hair, 
holding your face between my hands, 
giving you my tenderest glance 
(it's a established fact 
               that my eyes want yours).



Sándalo Naranja

LA SOMBRA O LA VIDA (BREATHLESS PROSE # 7)




La sombra o la vida, mi señora, esto es un asalto, le advierto que no estoy yo para bromas, y si usted colabora nadie tiene que salir herido, oh señora mía, luz de donde el sol la toma, o por lo menos la solía tomar... yo le pido, le ruego, que me entregue su sombra, así por las buenas, sin resistir, le suplico, total si usted ya no la usa para nada, y piense que para mí tener la compañía de su sombra sería maravilloso, milady, dése usted cuenta de que en su sombra adivino yo todo aquello que amé en usted (y todavía amo, y siempre amaré), y que consiste precisamente en todo aquello que usted insistió en olvidar meticulosamente sobre usted misma, más tarde, cuando decidió prescindir violentamente de las cosas que deseaba, de las cosas que amaba, y así todas esas bellezas le fueron huyendo del alma y se almacenaron en su sombra, una sombra que usted arrastra por costumbre y porque qué va hacer con ella, pero yo creo que la odia en el fondo, ya ve, usted se pone a odiar precisamente aquello que yo más amo en el mundo ¿no es extraño?, una sombra lindísima y triste, tan triste y bella que, la verdad, viendolas juntas a ustedes dos bajo el sol de primavera, parecería más que es usted la que se arrastra pegada a la tierra y su sombra flota etérea sin llegar a tocar el suelo, o sea, resumiendo, algo así como si usted no fuese ni una sombra de lo que fue un dia, oh mi bella señora, y perdoneme la franqueza, pero en fin, divagaba, lo que quería decir es que usted ya ni se fija en su sombra y a veces hasta parece que ni se acuerda de ella, milady, y esa es la razón de este asalto, demela por favor, usted jamás la mira, ni piensa en ella, porque decidió así con esa vehemencia tan suya de usted no mirar nunca para atrás, así que una vez más le digo, démela sin más, no me obligue a robarsela a punta de pistola, lo que sería una escena fea e innecesaria, entienda de una vez que yo a su sombra de usted la quiero para que me ayude a  recordar, para permitir que sea la sombra la que proyecte todo lo que usted podría haber sido si hubiese querido serlo, así como la vida es proyectada desde nuestra propia luz y nuestro deseo y nuestra voluntad de imaginarla, así sea, no sé si me va entendiendo, señora que lo fue de mis sueños y de mis vigilias, que quede claro que yo a su sombra la quiero para abrazarla en mis noches turbias de pánicos domésticos, para los días sin sol, y para subir certas cuestas que se me hacen tan difíciles desde que usted decidió desaparecerse, prohibirse, exiliarse de sí misma, y dejarme con esta cara superlativa de idiota pensando, intentando conjurar cómo eran sus ojos, o la danza de sus manos, o la temperatura exacta de su voz, o ese desasosiego tan báltico de su corazón, o el arrebol que su rostro vestía al escuchar ciertas palabras mías, y bueno, por todo eso se me ocurrió depositar toda mi confianza en esta idea de que su sombra me traerá esas cosas de nuevo, de algún modo, así que permitame de una vez que le quite ese peso de encima, si hasta le estoy haciendo un favor,  si hasta va a acabar por agradecermelo, ande, dejeme bailar con su sombra, con su alma fugaz de estrellas y azules durante toda la eternidad, amén, he dicho.


Sándalo Naranja

4/01/2014

SKETCH IN BLUE






Cuando la noche llega

un encanto me lleva:
la magia de tus ojos,
    de sus sueños azules

La poesía de tus ojos
nunca podré escribir,
y cada verso deberá morir
su triste muerte de luna de papel 

Igual seguiré esperando la llegada 
de esos pájaros de plata
en la madrugada exacta en que, 
como encantado, pueda sorprender 
tu mar infinito
     y todos sus azules



Sándalo Naranja




3/15/2014

SEAWALK







A new place in time you are, shattering my compass card, erasing all the known coordenates, all route plans forever, forcing me to learn to navigate like an ancient seaman, with an eye on a map full of terra incognita signs and terrible ocean monters, and the other fixed on the stars above… 












...and believe me, I like it, and I will, as long as your eyes are willing to sooth me, to be my beacons, and your soul my promised land. This is coastal navigation, and I am one of those ships that cruise the horizon at night, like ghostly shadows in a procession of souls, each carrying his own oil lamp, both distant and near, well awake.



Today I came to the shore, the sun was a king above, and I admired the seagulls in their rampant fishing parties. I watched the land fishers preparing their shiny baits and being kissed by the brave waters. I walked the long pier like a pilgrim reaching his final church.

I looked back at the past and felt happily confused, as if nothing I have learnt so far was relevant when I walk along these sands, and this brand-new ignorance felt invigorating like a promise.

And while I was living all this life, I was silently praying to unknown gods to help me to reach you, to inspire me to fill your glass with the sweetest love. 

Please come to this lovely beach of mine, will you?

Sándalo Naranja

3/11/2014

EDICT





I hereby declare [dramatic gesture]
your falling in disgrace, from now on,
disposessed of all the beauties
that once crowned your guilded head


(For, my dear lady, I'm sorry to say,
your characteristic radiance is long gone;
It does not reach my soul anymore,
and the once luminous wake of your steps
rests on a puddle of fading memories)


By virtue of this decree
I reclaim everything mine,
up to the last word and deed,
every intention or wish,
every thought and every detour.


(Up to the last syllable of every verse,
please do return it all)


I hereby decree that henceforth
you shall be disposessed as well of that proverbial brightness
I once bestowed upon you,

the white light, the blues,
the seemingly unending vibration,
the miracle-making power,
all that awe-inspiring beauty of yours

(hands that commanded my slow-mo stare,
eyes/lagoons that prompted me to merry swims:
all crushed by the weight of silence,
all dead)


You shall retur the songs as well,
all of them,
every turn of every melody, every upbeat
every sudden key change,
all the shared beauties, the sketches,
the landmarks,
the echo of your laughter flowing through me,
the midnight words, the shadows


(the motions that used to draw me
to the supernatural swing of a summer dress,
the sideways look and the curve of the lips
while you were fishing
for that always-ellusive english word)

(The list is endless, as you can see,
for no amount of verses could cover it all,
and I want it all back, all,
specially the unmensurable items,
the unsizeable stuff)


(Oh my,
but all this is oh-so-truly beyond measure..!)


Thus, I condemn you to a rigorous exile;
I decree you shall forever be banished
to that Sick Island of yours
where silence is all there is

And now that you have been
forever disposessed of the adorations
that once made your cheeks blush,
expatriated from the places
that were once our common soil
May I rest in peace, myself,
to befriend again the sunbeams
and fill my lungs with
the ever-luring promise of Spring



Sándalo Naranja

2/23/2014

TEN PILGRIMS




So I write on your back, pretending these are thoughts of mine, but I will use no ink this time, not a drop, no no no, not even words, only playful fingers, just a bunch of thoughtful, brainy fingers, a dream team of ten bachelors, ten pagan pilgrims crossing the cathedral of your back, solemnly ascending through your vertebrae, pausing reverently by your shoulder blades, hungrily praying to reach your Reign, merrily grazing at your neck, partying gaily over your skin's velvet tapestry, drunkenly inhaling the soft odours of your stillness,




so I write on your back today a wordless, ageless tale which should suffice for you to grasp how immoderately in love I am with you, exactly when I find the sweetest sparkle of sweat running down from the cross to the valley, and I blow a gentle breeze to freeze the drop in time, and a half muffled moan is born on your throat, which I continue myself vibrating in sympathy, a purr à deux that makes us laugh and shiver like two birds, and my fingers walk out of the cathedral by noon, when everything is still, they contour slowly your hips, slide across the slim, adorable legs, and stop to play with your toes ancient, almost forgotten brotherhood games.



Sándalo Naranja

2/22/2014

THE SCIENCE OF YOUR BEAUTY





Like a monk, chanting, my voice filling the library chambers, humming your incantations. My soul, rocked by the fireplace embers… Your eyes, my illuminations.

Tirelessly measuring the science of your beauties.

(Passionate observation, note-taking, calculations… sweetly obsessed devotion… unfatigable dreaming…)

The long-concealed secrets, at last revealed:

The final equations of your walking, the variables of your balance, your ankles' diminute rotation angles, your head’s exact tilt.

This monk is proud. In the library towers, over his workspace, he drifts into slumber.

Then, the twilight brings the day, allowing the lovers' souls to criss-cross again, by the first shades of the morning.





Sándalo Naranja

2/21/2014

DEEP BELOW, FAR ABOVE



From the deep, I am taking relentlessly all my love to you. Think of it as waves.


Like a breeze I touch you, light and easy...
...And my memories expand like a universe. My finger connects the shiny dots, and I see the constellations. I name them, from my window.






In my soul, I keep them all.


The dots are the threads, the words, the dreams, the songs, the gestures, the moments. Each one, one star.

Know this, my morning star: without a compass, you might be my only north.



Sándalo Naranja

2/20/2014

O MEU OLHAR DEMORADO (breathless poem)







Como seria bom se pudesse olhar para ti mais devagar, com a serenidade devida, se conseguirmos parar o tempo do olhar, também, e assim, fotograma a fotograma, pudesse eu registar com alguma precisão o voo das tuas mãos, o alvoroço das tuas pálpebras, a fina dança das costuras da tua roupa quando caminhas, enfim, e um outro mundo infindável de pormenores que detecto aos poucos e nunca consigo consignar devidamente, e talvez assim, em slow-mo, conseguisse eu ver onde é que o teu olhar se pousa exactamente quando falas dessas coisas tuas com esse meio sorriso de encantar... gostaria, enfim, de olhar para ti já sem uma réstia de vergonha nem boa educação, e com o máximo deleite, e que tu te achasses, plena de ti no meu olhar, e nele sentisses esse tocar vagaroso de que tanto te falo, aquele em que se misturam as aguas da ternura mais doce e do desejo mais aceso de ti, numa foz onde já não é mais possível separar as águas, e todo o olhar se revela carícia, finalmente e para sempre desenvergonhada, que te despe de palavras, de razões, de roupas, e atravessa o teu corpo (tão amado!) duma luz como um zénite sem sombras.






Sándalo Naranja

2/19/2014

THE THOUSAND HOURS


There are one thousand hours in a day without you, yet just one minute of your eyes on me, just one minute of your light, shining on me, would be enough to undo the thousand hours, to revert all the thousand small deaths, only that light, I say, would be enough to freeze that deadly time, that muted distance, perhaps to unlock the eternal now and here, so I will sit here, expecting at any moment that light flooding through my window, washing down all my shadows, all my little deaths.


Sándalo Naranja

10/05/2013

BULLYING, o EL ANGEL VENGADOR





“¡Es ese, papá, ese alto que está intentando arrancar la rama del arbolito!” En el gesto del niño hay como una sublevación, un grito de revuelta. Está visiblemente excitado. Con su papá al lado, ya no necesita su miedo para nada. Y eso sabe bien, para variar...

El papá contempla la escena, a la entrada del colegio. Los niños juegan en el patio de acceso, a la espera de la llegada de la profesora.

“¿Estás seguro, Manuel? A ver si vamos a meter la pata…”, le pregunta el papá a su hijo. Insiste sólo por tranquilidad de conciencia, porque sabe que su hijo no se equivoca. Su propio instinto le dice que sí, que ese es el niñato que buscan... El azote de los arbolitos, el rufián. Rizos rubios, ojos azules, un prodigio de fotogenia. Con un aire de semihombre ya estampado en su estar de once años, una cinematográfica pose de desafío dibujada en el rostro perfecto.


“¡Claro que estoy seguro, papá!”. Y es verdad… ¿Cómo podría no estar seguro? “Ese es el jefe. Los otros de allá hacen lo que él manda”, explica Manuel.

“Vaya”, piensa el papá. “El guapín, el que se mete con los más pequeños”. Siente su sangre comenzando a borbotar. Fuego lento.


El angelito nazi, el niñato de mierda, ya tronchó la rama, y ahora la retuerce en un ejercicio sistemático de paciencia, sin sombra de rabia ni forcejeo. Como un cirujano que extirpase el miembro corrupto de un cuerpo que juzga todavía redimible. Como un paciente y metódico inquisidor, le enseña al arbolito quién es el jefe, quién decide sobre el derecho de existencia de los otros. En su arte de exterminio, hace del arbolito un símbolo de su poder.


Nadie más se atrevería a arrancarle las ramas a un árbol, dentro del colegio, pero él sí. Al mismo tiempo, mira de reojo a sus acólitos, para asegurarse de que nadie se pierde el momento en el que su autoridad de machito alfa es sutilmente reforzada. Aunque el esfuerzo es notable, el niñato dosifica sus movimientos para proyectar una imagen de fuerza y control. “Para mutilar no es necesario despeinarse”, parece decir su lema.


El papá reprime el instinto de salvar el arbolito de la mutilación, de cortar la escena inmediatamente, por la raíz, de detener al salvaje con una reprimenda al uso antiguo. Observa la ropa de marca del terrorista. Las zapatillas nada más deben costar la mitad de su propio sueldo. En sus adentros siente surgir el ángel flamígero, el vengador, el que restituye el orden de las cosas. Pero no se abandona a la ira. No quiere perder la razón, que sabe de su parte.


“Pero ¿quién es el que te bajó los pantalones, por atrás?, le vuelve a preguntar al hijo. “¿Fue éste, el jefe, o fue uno de los otros de allá?”


Otea el papá desde el extremo opuesto del patio. Alcanza a ver a los proto-sicarios del jefe, jugando a las canicas, aprendiendo unos de otros los entresijos de la dominación, disputando hombrías.

“¡Fue el jefe, papá, y los otros miraban y se reían, y las niñas también vieron todo, y también se reían!”, dice Manuel, azorado. Las lágrimas aparecen en sus ojos, pero se quedan allí, esperando lo que esta mañana habrá de traer. Su padre es todo para él en este momento.


El papá oye, y su mente empieza a dar vueltas. El ángel flamígero crece dentro de él, le usurpa su cuerpo, bañando su ser en un metálico deseo de venganza.

“¡…Él es el que se quedó con mi saco de canicas, y el que me dio un cabezazo en la barriga el día que vomité luego, y el que…”.


El niño sigue con una retahíla infinita de agravios, pero el papá ya ha dejado de oír. En su mente, el ángel vengador ya sólo acierta a ver una mancha roja que crece, que le va desfalcando de su papel de papá, que le va calando todo su ser.


“Quédate aquí, Manuel. Voy a hablar con él, ¿vale? ¡Tú tranki, tronko!”, papá sonríe y despeina a su hijo con un gesto mil veces repetido, que el niño adora. El padre avanza los escasos metros hasta el arbolito en el momento exacto en que el verdugo amputa la rama, se vuelve hacia sus seguidores, y la ostenta en lo alto como un trofeo. Sus cuatrerillos, que lo contemplan fijamente desde la distancia, agitan los brazos en señal de apoyo a la causa arboricida, y le gritan consignas que afianzan al emperadorzuelo en su cúpula de poder.


El papá toca suavemente el hombro del niñato que, entretenido con los festejos de sus tropas, no lo vio avanzar hacia sí. El niño se vuelve, con un gesto de impunidad y desafío estampado en su rostro perfecto. El papá casi siente la fuerza dominadora del niño, pero pronto recupera su papel.


“¡Hola, majete! ¡Vaya rama fantástica te has agenciado! Eres un tipo duro, ¿eh?”, saluda cordial, con una sonrisa amplia y, aparentemente, sincera. A cualquiera le parecería que a seguir le va a regalar un caramelo.


“¿Qué es lo que quieres, si se puede saber?”, el jefecillo le tutea con un aire desconfiado, sin volverse completamente para responder. Intenta darle a entender al hombre que le está haciendo perder su tiempo.


“Ah, ¿prefieres que nos tuteemos? Vale, hombre, muy bien, favor que me haces…". El hombre rodea al niño y lo enfrenta, agachándose para ponerse a su altura. "Mira, me dice mi hijo que en las últimas semanas te has divertido bastante con él … ¿Es verdad eso?”, dice el padre sin dejar de sonreír, al tiempo que apunta hacia su hijo con el dedo. Su hijo mira expectante hacia ellos sin llegar a escuchar la conversación, a unos diez metros del cercenado arbolito.

“¿Con quién dices?”, responde el niño, cada vez mas huraño e impaciente, mientras sigue el dedo del hombre, y acaba por enfocar a Manuel. “Ah, sí, ese ... a veces le dejamos jugar con nosotros, aunque sea más pequeño. ¿Es tu hijo?” El niñato improvisa bien sus patrañas. Abusón, cobarde y mentiroso. Buen curriculum, sí señor. Obviamente, el chico piensa que su aplomo le va a sacar de esta situación como ya le sacó de otras.


“Mira, niño idiota”, dice el papá de Manuel con una sonrisa y una calma que producen el primer escalofrío en el espinazo del podador de arbolitos. La gente normal no dice “idiota” mientras sonríe. Esto es diferente, terra incognita para el príncipe de los abusadores.

“Ya hablé con tu profesora, y con el director de la escuela, pero quería que te enterases directamente por mí”, miente el papá, empezando a disfrutar de la situación. El gesto del niño se viste de alarma.


“Abusar de los más pequeños es una cosa muy fea, ¿sabes? Es muy posible que te echen de esta escuela, porque ya saben que eres un ladrón de canicas. También les conté lo del cabezazo, que hizo vomitar a mi hijo, y también eso tan gracioso, cuando le bajaste los pantalones delante de toda la escuela”.



El niño escucha al hombre sin poder evitar una cierta descompostura en su rostro, normalmente tan equilibrado. Su palidez es casi total, ahora. Y la altivez de su postura de cabecilla se ha desinflado como un globito rosa.


“Ah, me olvidaba… Tus padres ya han sido informados, también, y créeme, están que trinan. Ellos pensaban que tenían un angelito rubio, pero resulta que al final su hijo no pasa de un mierdas cobarde, que sólo se atreve a meterse con niños un palmo más bajos…”


La mirada del niño revela cálculos interiores. El abusoncito parece estar pensando en la que le espera… Poniéndose en lo mejor, alcanza a ver meses de broncas interminables, prohibiciones severas, y confiscación inmediata de varios imponentes regalos recientes de sus rumbosos papás. El corazón le da un vuelco. El mundo se le echa encima. Pero el ángel anunciador ha venido a anunciar, y tiene que llegar al final de su mensaje.


“¿Ya oíste hablar del infierno? Pues mira, resulta que al final existe de verdad, ¿sabes? Me lo ha dicho un amigo mío que sabe todo sobre eso, y conoce bien a toda la gente que está allí. Y me ha dicho que tienen un lugar especial, lleno con gente como tú, rufianes de poca monta. Así que te recomiendo MUCHO cuidado. Tal vez si cambias ya, te puedas librar de ello, aunque después de lo que has hecho, garantías ya no te va a dar nadie”. El papá habla despacio, sin abandonar nunca su tono bajo y conciliador, que contrasta con el contenido de su discurso.


El niño ya no puede estar más blanco. Y el ángel vengador puede ver sus lágrimas asomando. “Ahora las cosas comienzan a volver a su equilibrio”, piensa, mirando a dos niños jugando en el sube-baja.


“Pero ¿sabes una cosa, niñato?”, el papá habla ahora más lentamente que nunca. “Puede ser que tus padres y el director de la escuela decidan no decirte nada, fingir que no se han enterado, y observarte a ver cómo te comportas. Yo si fuese tú me callaba bien calladito, y empezaba a portarme MUY bien, si es que te acuerdas de lo que es eso”, dice el ángel poniendo un dedo en su boca y mirando fijamente en los ojos del niño, que le mira absorto y desmayado, asintiendo mecánicamente. La rama arrancada se le cae de la mano.


“Ya termino, cielo. Sólo quiero que entiendas bien una cosa: toda la eternidad en el infierno va a parecer unas vacaciones de lujo, comparado con lo que yo te voy a hacer a ti, si me entero de que te has vuelto a meter con mi hijo Manuel, ¿sabes? Tú o cualquiera de esos chiquilicuatres a lo que llamas tus amigos. Apenas una mala mirada, y te aseguro que vas a sufrir como nunca pensaste que era posible sufrir”. Despliega en abanico su mejor sonrisa el Ángel Vengador, luego se da la vuelta, y ya transformado en papá común, se vuelve, caminando hacia su hijo.


Los acólitos, curiosos en la distancia sobre esta conversación que ya se alarga, venían caminando hacia su líder. En momentos como estos, toda solidaridad es poca, y cualquier jefe tiene un día malo.


El ángel se vuelve una última vez, con un aire de quien se olvidó de algo, y le grita al niño, a media distancia. “Ah, oye, y que no se te olvide devolver las canicas, por favor, ¿vale, majo?” Ahora el tono es completamente amigable. “Mañana, sin falta”. El tono continúa amigable, pero la cara del hombre se vuelve abruptamente tan seria como la de un demonio negro. El niño se estremece, y dice que sí varias veces con la cabeza, como si hubiese visto al mismísimo Belcebú. Temblando, se apoya en el arbolito que le ayuda a evitar una humillación más definitiva. No es un arbolito vengativo, afortunadamente para él.


El ángel flamígero ya dijo todo lo que quería. Rubrica su mensaje con la mejor de sus sonrisas, volviendo hacia su hijo, que le espera ansioso de noticias. Los niños llegan cerca de su caudillito a tiempo de ver una mancha de orina tiñendo sus pantalones. Se miran desorientados. Algunos salivan por la nueva plaza de machito alfa.



“¿Qué le has dicho, papá?”.


“Nada especial, hijo. En el fondo, ese niño es un cobarde… ¿Para qué asustarlo más? Tú tranquilo, que estoy seguro que ese no te molesta más. Y si te molesta, tú me lo dices, y ya está”.


El papá abraza a su hijo del alma, besándolo y deseándole un día maravilloso de escuela.




ROGANDO A LA PRIMAVERA





“¿Pero cómo hemos podido envejecer tanto?”

Esta frase aparece en su mente, como un neón, y sin embargo el pensamiento no lleva en las alas ni una sombra de angustia. Nada más que una callada toma de conciencia, no totalmente desnuda de humor. Lentamente, el hombre dirige la mirada a su izquierda, la cabeza rotando en su eje oxidado como un planeta cansado.


Contempla al hombre con quien comparte el banco del parque. No necesita girar su cabeza completamente, apenas lo necesario para confirmar que su amigo está junto a él. No tiene la certeza de haber pronunciado la frase en voz alta, pero sabe que ese hombre a su lado le entiende de todos modos. Hasta sería capaz de pensar lo mismo que él en ese momento exacto. Así de próximos se sienten. No hablan mucho entre ellos, ni lo necesitan. Le basta sentirle la presencia al lado.


No tienen reloj porque no tienen tiempo. Sus espíritus vaguean por los árboles, caminos y fuentes como compadres mudos. Son dos bolsas de plástico arremolinadas por un viento amigo. Así proyectándose en el ancho espacio de la mente, van conociendo una libertad cuya existencia ignoraban.


El parque les protege y les envuelve. No se escuchan los ruidos de la ciudad, y eso ayuda al hombre en sus contemplaciones. El primer sol de la tarde calienta su corazón y le induce un manso letargo. A los ojos de cualquier paseante, podría no parecer más que un viejo que espera la muerte en una somnolencia vegetal. Sin embargo, esa quietud es apenas aparente. En un sigilo total, una corriente sutil de eventos ocupa el teatro de su alma. El hombre siente impetuosamente en estos días. A veces, se da cuenta de que siente como nunca antes sintiera en su larga vida. Hasta lo más insignificante es ahora registrado por sus sentidos fuera del remolino del tiempo.


Este sol templado, por ejemplo. El calor es ahora, “tan ahora”, piensa, y su mente se desliza un poco de lado. El deslizar convierte en eterno ese ahora, como si el calor ya no estuviese ligado a una fuente concreta, a un tiempo definido... “Si hubiese sabido esto antes…”, su mente articula sin remordimiento, antes de conectarse de nuevo al sentimiento de lo eterno. “Fuera del tiempo, no hay límite a lo que podemos sentir”. Y así la muerte le parece tan distante en el horizonte como siempre estuvo. Es así. Cuando matas el tiempo, cruzas los portones de lo eterno. Suena simple, y lo es. Es por eso que tardamos tanto tiempo en comprender: pasamos la vida esperando que todas las respuestas sean complicadas, y si no lo son, no las juzgamos válidas.







A veces, su mente es el teatro de relámpagos repentinos. Otras, piensa tal como un pastor que fuese coleccionando sus versos mientras camina. Su cerebro descansa largos períodos, durante los cuales siente todo. Intensamente. Su sentir es interior, emocionado, suyo. Y sin embargo, posee tal luminiscencia, tal claridad reveladora, que casi le abruma como una certeza que intuye universal. Dentro de sí, alberga jocosamente la idea de declararse apóstol, de pregonar a los vientos este evangelio de simplicidades, para que otros puedan aprovecharlo. “Un equilibrio tan perfecto”, piensa, sintiéndose microscópico y agradecido. Pero si lo hiciese, si se encarnase en el profeta de su propio sentir, sus “verdades” sonarían arcanas, y sería tomado por loco o alunado.


Así, lucidamente reprime el impulso de compartir los frutos nuevos de su alma vieja. Esboza una sonrisa sutilísima, y se la auto-dedica con un poquito de ironía. Sabe que su amigo camina por sendas similares, y por eso le ofrece una mirada tierna y comprensiva, que el otro recibe con un semblante apaciguado. “Más que suficiente”.


Entonces, súbitamente, algo aparece en su mente, como si alguien lo hubiese plantado sin aviso ni permiso en su deshilachado cerebro. Con frecuencia, estos retazos súbitos de pensamiento le llevan a una sensación inquietante y enajenada. “¿Soy yo? ¿Me estoy volviendo majareta? ¿Me desintegro? ¿Por qué pienso pensamientos tan… no míos… tan ajenos?”


Cada vez es más frecuente. Ese jardinero que no es él plantó en su espíritu perlas como ésta: “Sólo poseo verdaderamente aquello que ya perdí”. El hombre se delecta con su pensamiento, mientras el sentido le cala todas las rendijas de su ser. Nunca antes el hombre pensó nada remotamente parecido. Y sin embargo, suena tan cierto…


Lejos de sentirse angustiado, el hombre permanece sereno mientras va considerando estos sucesos. Sonríe otra vez. Parece que finalmente está dominando el arte de no tomarse demasiado en serio. Siente amor por sí mismo y por todas las personas y cosas que le rodean. Ese mismo amor le sirve para amar todo. La vida, piensa, está llena de callejones sin salida, así que, ¿para qué molestarse tanto? Todo lo que ya le confundió y lo angustió en el pasado es visto ahora con una lucidez infinita. Y no es que todas las piezas encajen ahora, perfectamente. Más bien es la conciencia de que las piezas no tienen que encajar. Las cosas suceden, simplemente. El hombre junta sus manos y las ahueca, y allí forma un refugio seguro para ese pequeño caos en que ahora va aprendiendo a reconocer el mundo.


Años atrás, el hombre tenía Memoria. Ahora es diferente. Apenas posee algunas memorias. Aquello a lo que llamó “pasado” ha ido perdiendo muchos de sus sentidos. El pasado es como un paisaje lunar devastado, un universo de fragmentos. Algunos de esos pedazos son como vidrios lacerantes, otros son cristales que reflejan las más bellas luces. Sin embargo, en vez de sentirse privado de su Historia, el hombre va coleccionando sus historias, mientras duran. Si su pasado se está disolviendo, al menos su presente crece como una flor silvestre. El Presente es para él más emoción que memoria. Se siente feliz de poder sentir tanto aún, en esta ancianidad que todo fragmenta y envilece. Acodado en sus ventanas de Presente, siente que nada más puede desear.

El hombre contempla el mundo cambiante que le circunda. La luz primera de la tarde arranca destellos de la tela que la araña fue hilando entre su banco y el arbusto cercano. Observa a la dueña esperando su presa, agazapada. En un relámpago, el tiempo vuelve a parar, y el hombre siente el orden inefable de las cosas, el insignificante y universal drama del predador y su presa, bajo la luz serena de este invierno terminal. Puede contemplar y comprender toda esa lógica natural, expuesta a su mirada: las ramas desnudas, los primeros capullos rosáceos como heraldos de la nueva estación... Y todo eso es mucho más que la repetida observación de hechos conocidos, esperados. El hombre es oyente emocionado de todo este diálogo sobrenatural que le rodea y que atraviesa su alma. La naturaleza, la vida, no son ya descripción, sino puro sentimiento.
La tarde comienza a enfriarse, pero el calor eterno que ha recibido le hace sentirse renovado. La gratitud reverbera a través de su espíritu radiante. Volviéndose hacia su amigo, su mano alcanza la cara del otro hombre, que se vuelve hacia él. Sus ojos minúsculos se fijan en el amigo con un afecto desmayado, pero su mano ejecuta delicadamente lo que parece ser una caricia deliberada. Los dedos se deslizan por cada arruga, leen los destinos dibujados en el rostro de su amigo, tal vez ya cumplidos y olvidados.

Este ritual marca el fin de la jornada. Ambos se levantan y se preparan para regresar al tiempo. Por eso en las horas siguientes irán muriendo un poquito más. Mañana, si el clima lo permite, acudirán a su banco del parque para matar de nuevo al tiempo, para rogar en silencio a la primavera la dádiva de una célere llegada, que les consienta todavía una última ocasión de florecer.






Sándalo Naranja




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